La inteligencia artificial (IA) está revolucionaando de manera significativa las formas tradicionales en litigios judiciales, especialmente con el aumento del sistema acusatorio que promueve más oralidad e intervención directas de audiencias. En este nuevo panorama judicial, la IA no sustituye al juez ni abogado humano; pero sí cambia radicalmente cómo manejan casos complejos los profesionales legales.
En lugar de depender únicamente de un expediente físico o digital, ahora se requiere una habilidad excepcional para recopilar y relacionar datos vastos provenientes de múltiples fuentes como resoluciones anteriores, pericias médicas, comunicaciones privadas entre partes implicadas.
La transformación implica que el uso eficiente del AI puede ayudar a reconstruir las estrategias iniciales en caso penal. Permite controlar la enorme cantidad de información producida durante audiencias orales e incluso identificar cómo cambió argumento legal al transcurrir tiempo desde inicio hasta finalización de un proceso judicial. El riesgo es precisamente ese volumen desbordante de documentos y declaraciones pueda ocultar elementos críticos para una decisión justa; por lo tanto, herramientas inteligentes deben complementarse con experiencia humana no sustituyéndola.